Escudo Femenino no nació de una ocurrencia, de una estrategia comercial ni del del deseo de crear una versión diferente de la defensa personal.
Nació de la necesidad de comprender.
Durante mucho tiempo viví situaciones de maltrato, abuso, presión y desprotección que fueron debilitando mi seguridad de una manera difícil de explicar a quien nunca ha pasado por algo parecido. No se pierde de golpe. Se va reduciendo poco a poco: cuando empiezas a dudar de lo que has visto, de lo que has sentido, de tus decisiones y finalmente, de ti misma.
La violencia no siempre se presenta como una amenaza evidente. Puede avanzar entre contradicciones, silencios, culpabilización, miedo, dependencia, aislamiento o episodios que, observados por separado, parecen insuficientes para explicar el daño acumulado.
Mientras intentas entender lo que está ocurriendo, continúas trabajando, cuidando, tomando decisiones y tratando de sostener una vida aparentemente normal.
Desde fuera puedes parecer funcional. Por dentro, algo se ha roto.
Una de las experiencias más difíciles no fue lo vivido, sino la sensación de no encontrar una respuesta capaz de devolverme seguridad.
Contarlo suponía regresar una y otra vez a los mismos hechos. Ordenarlos. Recordarlos. Explicarlos con claridad mientras el cuerpo reaccionaba, la respiración parecía paralizarse oprimiéndome el pecho y la mente intentaba reconstruir detalles que no siempre aparecían de forma lineal.
A veces sentía que no bastaba con haberlo vivido. También tenía que demostrar que lo había vivido correctamente.
Que había reaccionado como se esperaba. Que había salido en el momento adecuado. Que no había dudado. Que no había tratado de comprender, perdonar o recuperar una relación. Que no había recaído en dinámicas parecidas. Que había mantenido a mis hijas a salvo.
Cuando una persona vuelve a encontrase atrapada en un patrón similar, el juicio puede ser todavía mayor:
"¿Cómo no te diste cuenta?"
"¿Cómo pudiste permitirlo otra vez?"
"Tú deberías saber defenderte."
"Con tu carácter..."
Pero conocer una técnica no inmuniza frente a la manipulación, el vínculo emocional, el miedo, la confusión o el deterioro progresivo del criterio propio. La formación técnica puede enseñar a golpear, bloquear o escapar. Sin embargo, muchas situaciones comienzan mucho antes de que exista una agresión física frente a la que aplicar una técnica.
El maltrato no solo puede cambiar la forma en la que percibes a quien tienes delante. También puede cambiar la forma en la que te percibes a ti misma.
La seguridad interior se sustituye por vigilancia constante. La capacidad de decidir, por miedo a equivocarse. La espontaneidad, por análisis permanente. El criterio propio, por la necesidad de que alguien confirme que lo que estás viviendo es real.
Aparece la vergüenza.
Vergüenza por haber permanecido, por haber creído, por haber regresado, por no haber reaccionado.
Por sentir miedo.
Y esa vergüenza puede resultar paralizante, porque obliga a guardar silencio justo cuando se necesita ayuda.
Durante mucho tiempo sentí que cualquier dificultad generaba un nudo en el pecho que no me dejaba respirar ni pensar con claridad. La inseguridad no se limitaba a las situaciones de riesgo. Se había instalado en decisiones pequeñas, conversaciones cotidianas y relaciones aparentemente normales.
Necesitaba entender qué me estaba ocurriendo y por qué mi voluntad no siempre era suficiente para cambiarlo.
La formación se convirtió en una manera de ordenar el caos.
No fue una solución inmediata ni una línea recta. Fue y sigue siendo, un proceso de estudio, práctica, revisión y búsqueda continua de respuestas.
Necesitaba comprender:
cómo se instala una dinámica de control
por qué una persona puede bloquearse
qué ocurre en el cuerpo bajo presión
por qué detectar una señal no siempre conduce a actuar
cómo se deteriora la confianza en el propio criterio
qué diferencia existe entre prevenir, disuadir y defenderse
y qué recursos pueden entrenarse antes de que una situación alcance su punto más grave.
Cada aprendizaje ha ido trazando una parte del mapa.
La técnica corporal era importante pero no suficiente. También había que trabajar la observación, la estrategia personal, la regulación bajo presión, el uso de la voz, los límites, la toma de decisiones y la capacidad de crear una salida.
De ese recorrido comenzó a construirse el Método E.S.C.U.D.O.
No como una fórmula infalible mi como una promesa de que una mujer podrá controlar cualquier situación, sino como una estructura para ampliar sus recursos y sus posibilidades de actuación.
Haber sufrido una situación de violencia no convierte automáticamente a ndaie en especialista.
La esperiencia permite conocer determinadas sensaciones desde dentro, pero no basta para enseñar, diseñar un método o acompañar procesos ajenos. Para eso son necesarias formación continua, responsabilidad, contraste profesional y conciencia de los propios límites.
Mi historia no sustituye a mi preparación. Explica por qué la he buscado con exigencia.
La autoexigencia técnica nació de una certeza: cuando se trabaja con la seguridad de otras personasno basta con tener buenas intenciones. Es necesario estudiar, revisar, reconocer errores y evitar promesas que no pueden garantizarse.
Escudo Femenino tampoco sustituye la atención psicológica, jurídica, sanitaria o policial que cada stuación pueda requerir. Su ámbito es la formación preventiva y el entrenamiento de recursos de autoprotección.
No todas las mujeres llegan a Escudo Femenino desde el mismo lugar.
Algunas no han vivido una situación de violencia y quieren aprender antes de necesitarlo.
Otras sienten que algo no encaja, pero todavía no pueden o no quieren darle un nombre.
Algunas ya ha salido de una situación difícil, pero continúan sintiéndose inseguras, desconectadas de su cuerpo o incapaces de confiar en su criterio.
El entrenamiento debe poder recibirlas sin obligarlas a identificarse como víctimas y sin convertir su historia en una condición de acceso. La autoprotección puede entrenarse:
Antes, para reconocer, anticipar y tomar decisiones con mayor margen.
Durante, para activar recursos, pedir ayuda, crear distancia o facilitar un salida.
Después, para volver a habitar el cuerpo, recuperar criterio y reconstruir seguridad progresivamente.
Escudo femenino no nace para enseñar a vivir con miedo.
Nace para desarrollar recursos.
Mi experiencia personal forma parte de su origen, pero no define por completo a quienes participan, ni limita el proyecto a mujeres que han sufrido violencia.
No puedo cambiar lo que ocurrió. Tampoco puedo prometer que el conocimiento evitará todos los riesgos.
Lo que sí puedo hacer es transformar lo aprendido en una metodología responsable, seguir formándome y crear espacios donde otras mujeres puedan entrenar sin ser juzgadas por lo que saben, por lo que desconocen o por la forma en la que reaccionaron.
Ese es el mapa que he seguido para salir de la oscuridad.
Y es también el punto desde el que comienza Escudo Femenino:
Comprender para reconocer.
Entrenar para decidir. Actuar para recuperar margen y seguridad.
Alicia Ballesteros Molina
Creadora del Método E.S.C.U.D.O. y
coordinadora de Escudo Femenino,
departamento de Destreza Escuela Artes Marciales