Una situación de violencia puede terminar y, sin embargo, el cuerpo no recuperar inmediatamente la sensación de seguridad.
La persona puede encontrarse físicamente lejos de quien la dañó, haber interrumpido la relación o saber racionalmente que el peligro ha disminuido. Aún así, determinados sonidos, gestos, conversaciones, lugares o cambios de tono pueden activar una reacción intensa.
El corazón se acelera.
La respiración se acorta.
Los músculos se tensan.
La mente se bloquea.
Aparece la necesidad de huir, esconderse, complacer o controlar todo lo que ocurre alrededor. No significa que la persona esté exagerando, sea débil o no quiera avanzar. Puede significar que su sistema de protección continúa reaccionando como si todavía necesitara defenderla.
Después de una experiencia amenanzante es normal sentir malestar durante un tiempo. La mayoría de las personas expuestas a sucesos potencialmente traumáticos no desarrolla un trastorno de estrés potraumático, y no toda la reaación intensa constituye un diagnóstico. Cuando los síntomas persisten, interfieren de forma significativa en la vida cotidiana o producen un sufrimiento considerable, deben ser valorados por profesionales de la salud mental.
El trauma no depende únicamente de lo que una persona recuerda. También puede afectar a la forma en que su organismo identifica el peligro, interpreta los estímulos y moviliza respuestas de supervivencia. Por eso, saber que una situación ha terminado no siempre basta para sentirse segura.
La razón puede decir:
"Ahora ya no está ocurriendo."
Mientras el cuerpo responde:
"Ya ocurrió antes. Debo prepararme por si vuelve a pasar."
Una de las manifestaciones características del trastorno de estrés postraumático es la reexperimentación del acontecimiento como si estuviera ocurriendo de nuevo en el presente. Puede aparecer mediante recuerdos intrusivos, pesadillas o episodios en los que determinadas sensaciones adquieren una intensidad extraordinaria.
No siempre se presenta como una imagen completa y ordenada.
En ocasiones parece como: una sensación corporal díficil de explicar; un olor o sonido que provoca angustia;una reacción intensa ante un tono de voz; una imagen fragmentada; una emoción que parece desproporcionada respecto al momento actual; ola impresión rependtina de estar nuevamente atrapada.
La persona puede comprender intelectualmente que se encuentra en otro lugar y otro tiempo, pero su cuerpo responde a una asociación aprendida con el peligro.
La evitación también forma parte de las respuestas traumáticas. Puede consistir en alejarse de lugares, persona, actividades, pensamientos o conversaciones relacionadas con lo vivido.
Desde fuera puede interpretarse como falta de voluntad, desinterés o negativa a afrontar la situación. Sin embargo, evitar puede ser un intento de impedir que se active nuevamente un malestar que la persona todavía no sabe regular.
A veces la evitación es evidente: "no quiero pasar por ese lugar."
Otras veces es mucho más silenciosa: mantenerse ocupada; no hablar de determinados periodos de vida; abandonar actividades que antes disfrutabas; evitar cualquier conflicto; desconectarse de las emociones; minimizar lo ocurrido o convencerte de que ya no importa.
La evitación puede proporcionar alivio inmediato, pero también puede reducir progresivamente la libertad y reforzar la sensación de que determinadas situaciones son imposibles de afrontar.
Otro núcleo del Trastorno de Estrés Post Traumático (TEPT) es la percepción persistente de amenaza. Puede manifestarse mediante hipervigilancia, sobresaltos intensos, irritabilidad, alteraciones del sueño, dificultad para concentrarse o necesidad de controlar constantemente el entorno.
La persona puede: sentarse siempre cerca de una salida; revisar puertas, mensajes o movimientos repetidamente; interpretar con rapidez determinados gestos como amenazas; sentirse incapaz de descansar; anticipar secuencias negativas o permanecer preparada para reaccionar incluso en espacios seguros.
Esta vigilancia no suele ser una elección consciente.
Es un sistema de alarma que ha aprendido que bajar la guardia puede resulta peligroso.
el problema aparece cuando la alarma deja de distinguir adecuadamente una amenaza actual y un estímulo que recuerda a una amenaza anterior.
Cuando la violencia ha sido repetida, sostenida o difícil evitar, sus efectos pueden extenderse más allá de los síntomas clásicos del trastorno por estrés postraumático. Además de la reexperimentación, la evitación y la percepción persistente de amenaza, puede incluir dificultades duraderas en tres ámbitos:
regulación emocional
percepción de una misma
relaciones con los demás
Históricamente, el trastorno provocado por un estrés postraumático extremo no especificado, consecuencia de violencia repetida o sotenida, se denominó DESNOS por sus siglas en inglés, Disorder of Extreme Stress Not Otherwise Specified. Actualmente, resulta más preciso hablar de Trastorno por Estrés Post Traumático (TEPT) complejo para referirnos a un trastorno que viene definido por la añadidura de problemas de autorregulación en la persona.
No todas las personas expuestas a violencia prolongada desarrollan este trastorno. Tampoco es adecuado utilizar el término para describir cualquier malestar porterior a una relación abusiva de manera automática.
Después de una experiencia prolongada de amenaza, las emociones pueden resultar difíciles de identificar, contener o recuperar.
Algunas personas experimentan reacciones muy intensas: miedo, ira, angustia, vergüenza, desesperación o sensación de desbordamiento.
Otras, sienten lo contrario: entumecimiento emocional, desconexión, incapacidad para llorar, dificultad para disdrutar o sensación de no sentir nada.
Ambas respuestas pueden formar parte de sistema que ha tratado de adaptarse a circunstancias extremas. Regular no significa dejar de sentir ni mantener siempre la calma. Significa poder reconocer lo que ocurre, tolerarlo y recuperar progresivamente capacidad de elección.
La violencia prolongada puede afectar profundamente al concepto de una misma.
La persona puede sentirse culpable por no haberse marchado, avergonzada por haber regresado, incapaz de confiar en sus decisiones, derrotada, inútil, débil o responsable de lo ocurrido.
En el TEPT complejo pueden aparecer sentimientos persistentes de inutilidad, fracaso, culpa o vergüenza vinculados a la experiencia traumática.
Estas ideas no son una descripción objetiva de la persona. Pueden ser el resultado de años de desvalorización, control, culpabilización o adaptación a una situación en la que cuestionarse a sí misma se convirtió en una forma de sobrevivir.
Después de haber sido dañada por alguien cercano, confiar puede resultar difícil.
La persona puede desear apoyo y, al mismo tiempo, temer depender de alguien. Puede sentirse sola incluso estando acompañada, mantener distancia emocional o interpretar la cercanía como una posible pérdida de control.
También puede costarle pedir ayuda, expresar necesidades, aceptar afecto, sostener desacuerdo, marcar límites o reconocer una relación segura.
Las dificultades racionales forman parte de las alteraciones descritas en el TEPT complejo, pero deben comprenderse en contexto y no como un defecto de carácter.
La disociación puede aparecer en algunas personas después de experiencias traumáticas, aunque no está presente en todos los casos.
Puede sentirse como estar observándose desde fuera, funcionar de manera automática, percibir el entorno como lejano o irreal, perder la noción del tiempo, tener recuerdos fragmentados o no poder conectar con determinadas emociones o sensaciones coporales.
No se trata necesariamente de olvidar todo lo sucedido. En ocasiones, la memoria conserva elementos sueltos sin una narración contínua: imágenes, sensaciones, sonidos o reacciones corporales.
Esta fragmentación puede dificultar enormemente explicar lo vivido de forma cronológica y estable, especialmente bajo presión.
Por eso, un relato entrecortado, cambiante en detalles secundarios o acompañado de bloqueo no demuestra por sí mismo que la experiencia sea falsa. Tampoco permite confirmar un trauma sin una valoración profesional.
Reconocerse en alguno de estos ejemplos no permite concluir que exista TEPT O TEPT complejo.
Muchas respuestas pueden aparecer temporalmente tras una experiencia difícil y también pueden estar relacionadas con ansiedad, depresión, agotamiento, duelo u otras circunstancias.
El diagnóstico corresponde a profesionales cualificados y requiere valorar: la naturaleza de las experiencias vividas, la duración e intensidad de los síntomas, su impacto en la vida cotidiana, otras posibles explicaciones y las necesidades concretas de la persona.
Buscar atención profesional no significa que una persona haya fracasado en su recuperación, sino que está accediendo a recursos especializados.
uCuando el organismo responde con miedo, bloqueo, huida, sumisión o hiper alerta, es fácil sentir que el propio cuerpo se ha convertido en un obstáculo.
Pero esas respuestas no nacieron para destruir a la persona.
Nacieron para intentar protegerla.
El problema no que el cuerpo haya aprendido a defenderse. El problema es que puede continuar activando aquella defensa cuando ya no resulta necesario o hacerlo con una intensidad que limita la vida actual.
La recuperación no consiste en enfrentearse al cuerpo como si fuera un enemigo, sino en ayudarlo a diferenciar progresivamente lo que ocurrió, lo que recuerda de lo ocurrido y lo que está ocurriendo ahora.
La formación en autoprotección no sustituye la atención psicológica ni constituye un tratamiento para el trauma.
Puede aportar, dentro de sus límites; comprensión de las respuestas corporales bajo presión, práctica gradual de la voz, la postura y el movimiento, recuperación de percepción del espacio, entrenamiento en decisiones, reconocimiento de límites y experiencias corporales en las que actuar no implique ser dañada.
Esto requiere un entorno responsable. Presionar a una persona para que reviva situaciones, sorprendiéndola, inmovilizándola o llevándola al límite no garantiza que supere el bloqueo y puede aumentar el malestar.
Entrenar bajo presión no significa reproducir el trauma. Significa introducir dificultad de forma progresiva, explicada y adaptada, manteniendo capacidad de elección.
No existe un tiempo correcto para recuperarse.
Salir de una situación de violencia puede ser el comienzo de la seguridad externa, pero la seguridad interna puede necesitar más tiempo, apoyo y experiencias diferentes. Habrá avances y retrocesos. Momento de confianza y días en los que una reacción inesperada parezca devolver a la persona al punto de partida.
Una activación no borra todo el progreso.
Un mal día no invalida el camino recorrido.
El cuerpo puede aprender nuevas referencias de seguridad.
A veces, cuando todo ha terminado, el cuerpo todavía sigue defendiendo a la persona que tuvo que sobrevivir.
Comprenderlo no resuleve por sí solo el daño, pero puede ser el primer paso para dejar de culpabilizarse.
Nota
Este contenido tiene una finalidad divulgativa y no permite realizar diagnósticos ni sustituye la evaluación o el tratamiento de profesionales de la salud mental.
Texto: Alicia Ballesteros Molina
Creadora del Método E.S.C.U.D.O. y
coordinadora de Escudo Femenino,
departamento de Destreza Escuela Artes Marciales